miércoles, 14 de septiembre de 2011

Bienvenidos...

No hay comienzo, no hay librepensamiento, somos el cumulo epistémico de un flujo incesante de sentido.
No hay nada innato en mi, salvo mi cuerpo firme sobre la imperecedera madre tierra.
 ¿Madre o padre?
Triquiñuelas del lenguaje que en vano trata de alcanzar con su velo lo sacro de lo inefable:
la tierra, la materna hondura del hueso y el goce.
El llanto eterno de existir.

Devuelvo intacta la biblia para acariciar lo sensible,
Abrazo al animal que soy cuando aparece, como revelándose al lenguaje.
Gritando la incoherencia de lo coherente en un síntoma, un orgasmo, un dolor.

Por eso lloro cada tanto, por eso me entrego a la herida, cansado del pacto consensuado,
Por eso adoro la certeza inequívoca de la muerte,
Por eso añoro los gemidos de toda transeúnte atribulada,
Por eso lamo mis heridas.

Salvaguardo cada instante donde la devoción incesante al pensamiento cesa,

... mientras tanto el mundo me ocupa...

1 comentario:

  1. Que intensidad!! entre una noche oscura repleta de acontecimientos y la llegada del día que tiene rutina donde, como dice, el mundo le ocupa...

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